Esta técnica es muy útil para la fabricación de piezas con formas difíciles, incluso podríamos decir que automatiza el proceso, aunque en realidad siga siendo bastante artesano.
Básicamente consiste en sumergir una pieza en bruto del metal, con una capa de pintura tapando las partes de la pieza que queremos que no sean eliminadas, en una disolución de agua y cloruro sódico (sal común).
Para acabar el montaje hace falta una pieza más de metal, que hará de ánodo y nuestra pieza, que hará de cátodo, conectadas ambas a una fuente de alimentación.
Vayamos por partes, éste es el proceso para hacer una pieza:
- Hay que tapar las partes de la pieza que queramos salvar, una buena opción es por ejemplo, utilizar una transparencia, recortada en las partes que queramos salvar, ponerla encima de la pieza y después pintar con un spray de pintura. Conviene que sean al menos un par de capas de pintura, y que sea buena.
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Con una batería de coche, un fuente de alimentación o lo que se te ocurra (de la potencia de la fuente dependera la velocidad a la que será atacada la pieza), conectamos el borne positivo (+) a nuestra pieza y el negativo (-) a la otra pieza.
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Ahora cogemos un recipiente donde nos quepan las dos piezas de metal (nuestra pieza y la que usaremos de ánodo) y lo llenamos de agua con sal.
- Sólo queda ver como burbujea el ánodo (-), se llena la cubeta de restos del ataque y poco a poco se va grabando nuestra pieza. No está de más ir viendo cada rato como va el ataque, ya que depende enormemente de la intensidad que recorra el circuito.
Aquí tenemos una foto de muestra del montaje. A la izquierda cable rojo, la pieza a atacar, a la derecha el ánodo. Al fondo se puede ver la fuente de alimentación, suministrando 2.5 A a cerca de 15 V, que son aprox. 37W.
Fig 1. Electrograbación.





